Aug 2, 2009

La línea.


Desde hace días trato de no mirar sus ojos: oscuros, expresivos, juguetones. Me sonríe con malicia y le sigo el juego, tratando de ocultar mi turbación. Todo es un juego inocente. Las miraditas y las sonrisas, hasta las bromas en voz alta, frente a todos. De alguna forma u otra me dice frases coquetas y las resuelvo, jugando... siempre jugando. Desde hace días los juegos han cambiado: bajo mis ironías acepto que me turban sus ojos porque me acarician en secreto... y porque puedo sentirlo. Porque sus palabras me gustan. Me gustan. Me gusta.

Me pide ayuda con su corbata; hay gente alrededor pero no pueden vernos. Lo sé y lo sabe. Se acerca a mis labios mirando mis ojos, calculando distancia. Jugando. Sonríe. Sonrío presumiendo control, hago como que no me importa, como que ya se que es de mentiritas y que no va a cruzar esa línea transparente que desde el principio alli está. Donde la atracción y los jueguitos se quedan. Esa línea que hace cosquillas a veces... pero nada más. Continúo con mi travesía de doblar esa corbata, cerca de su cuello, de su corazón... demasiado cerca. Siento su mano acariciar mi espalda y acercarme poco a poco... miro de reojo que sonríe. Sonrío con complicidad y continúo concentrada en doblar... me estremezco. Alguien se acerca. La corbata está hecha. El sonríe de nuevo y yo también. Me despido sonriendo, como siempre. (frente a todos se burla de mi pelo y yo le saco la lengua). No ha pasado nada. La línea está intacta.

Pero no se si yo también.




Aún puedo sentir su mano acariciando mi espalda.

1 comment:

Karabá said...

Ay, sis... no sé ni qué decirle. Amo esto que ud escribió. De alguna manera, me recordó a myself... saludox!